Premios y castigos en la infancia

Los premios y los castigos son las consecuencias que siguen al comportamiento de los seres vivos y que determinan que este comportamiento se vuelva a repetir en una situación parecida o que por el contrario no se repita más. Así, en términos generales se trata de reforzar las conductas adecuadas o que queremos que se repitan y no prestar atención a las inapropiadas o que queremos que se extingan o desaparezcan. Hemos de tener en cuenta que ningún niño nace sabiendo qué es lo que tiene que hacer y qué es lo que no tiene que hacer en una situación dada, y somos los padres y educadores los que a través de las consecuencias de sus actos nos hemos de encargar de que lo aprendan.

Si tenemos que definir lo que es un premio, simplemente diremos que es algo gratificante para quien lo recibe, así, quizás un domingo en el parque puede ser algo agradable para un niño que no puede disfrutar entre semana del aire libre, pero no para otro que prefiere descansar viendo la televisión. De igual manera, un castigo simplemente es algo que la persona a quien se le aplica lo sufre como algo negativo.

Si sabemos qué es lo que le gusta al niño y lo aplicamos consecuentemente a las conductas que queremos que repita y qué es lo que no le gusta y de igual forma lo aplicamos a las conductas que queremos que desaparezcan o que se modifiquen, poco a poco y haciéndolo con constancia modificaremos el comportamiento del infante para enseñarle qué es lo que se espera de él en las diferentes situaciones que se van presentando en su vida.


Áreas del comportamiento.

El comportamiento humano está compuesto por tres áreas, que son la fisiológica, la cognitiva y la motora. Todas estas áreas están relacionadas entre sí de manera que cualquier modificación de una de ellas, influirá en las otras dos. Pondremos un ejemplo para entender esto mejor.

Cuando un niño se enfada, comienza a lanzar objetos (respuesta motora), justifica su enfado diciéndose a sí mismo que él es malo (respuesta cognitiva) y a la vez le duele el estómago porque se ha puesto nervioso (respuesta fisiológica o sentimiento).

Si tenemos en cuenta que casi todos los sentimientos, pensamientos y comportamientos son aprendidos, es fácil deducir que podemos aprender otros comportamientos nuevos y más adecuados. Así, cuando trabajamos con niños, hemos de centrarnos en modificar la respuesta motora (la de tirar objetos en ejemplo que hemos puesto) y de esta manera conseguiremos que se produzca un cambio a su vez en lo que el niño piensa y siente. En el anterior ejemplo, si en lugar de dejar que el niño se frustre porque no sabe vestirse solo y se dedique a tirar objetos, le ayudamos guiándole y le elogiamos cuando lo hace bien diciéndole “me gusta mucho cuando te vistes solo porque ya eres muy mayor”, seguramente el niño vuelva a intentar vestirse solo y experimente con acciones nuevas generalizando esta sensación y pensando que hace bien también otras tareas. Cuando el niño realiza las conductas varias veces con éxito, termina incorporándolas a su repertorio de conductas y poco a poco va consiguiendo la autonomía de su comportamiento acompañada de pensamientos y emociones positivas, es decir, conseguiremos que el niño crezca feliz.


Criterios a tener en cuenta para elegir los premios y castigos.

Hay tres criterios fundamentales a la hora de decidir qué consecuencias hemos de aplicar a la conducta de los pequeños:

  • Las consecuencias han de ser proporcionales a las conductas que se han emitido y a la edad del niño. No tiene sentido que a un niño de dos años se le castigue sin postre por algo que hizo ayer ya que no recordará eso que hizo mal el día anterior, con lo que no conseguiremos modificar la conducta no deseada.
  • Lo que para un niño puede ser un refuerzo, para otro niño puede que no suponga nada. Así, no tiene sentido reforzar a un niño con un helado si a este niño no le gustan los helados.
  • Los premios y castigos son exclusivos de cada niño, por lo tanto, hemos de observar bien a nuestro pequeño para saber cómo usar los premios y castigos con él y asegurarnos de que entiende lo que intentamos comunicarle.

Es importante saber de qué es capaz un niño a cierta edad porque esto nos dará pistas de lo que puede ser para él un premio o un castigo, además de orientarnos sobre lo que le podemos exigir.

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