La importancia de las emociones

Aunque tanto las emociones como los trastornos emocionales desde el principio de la psicoterapia habían sido una parte muy importante, no se les daba el peso que ahora tienen y se trataban más bien como un síntoma, como algo que estaba ahí pero no era tan importante como la conducta o la parte racional de las personas. Eso cambió cuando un psicólogo clínico llamado Paul Ekman comenzó a investigar en la Universidad de California de San Francisco sobre la conducta no verbal y sobre las expresiones faciales que acompañan a las emociones. Así, en 1970 se creía que los seres humanos aprendemos a expresar físicamente las emociones gracias a los modelos que copiamos de pequeños, es decir que si mis padres cuando sienten miedo responden al estímulo que lo provoca abriendo los ojos como dos platos y arrugando la frente, yo los imitaré y cuando sienta miedo haré lo mismo que veo que ellos hacen. También se pensaba que igual que yo copio la expresión de estas emociones, alguien que me vea a mí hacerlo de esa determinada manera me copiará, haciendo de este gesto algo universal a través de la copia de modelos.

Paul Ekman

Pero sería nuestro viejo amigo Paul Ekman quien gracias a sus viajes alrededor del mundo y a sus estudios se encargase de desmentir esta teoría. Paul Ekman tomó fotografías de personas con la intención de ver si las expresiones faciales de sus emociones eran iguales en lugares muy separados geográficamente. Primero tomó estas fotografías de diferentes y alejados rincones del “mundo civilizado” como pueden ser Japón o Brasil, para posteriormente fotografiar a personas en lugares remotos donde no hubieran llegado los medios de comunicación como las selvas de Papúa-Nueva Guinea. Tras comparar cientos de fotos tomadas alrededor del mundo, se dio cuenta de que todas las personas interpretamos igual ciertas expresiones faciales, con lo que concluyó que estas expresiones que interpretamos igual son universales a todas las personas. De esta manera, Ekman había descubierto las emociones básicas.

Las emociones básicas.

En sus estudios, Paul Ekman se dio cuenta que hay seis emociones básicas y universales que son la ira, el asco, el miedo, la felicidad, la sorpresa y la tristeza, y dado que son universales e inherentes a todos los seres humanos infirió que estas seis emociones deben ser muy importantes para nuestra construcción psicológica. A su vez descubrió que las expresiones faciales que van asociadas a estas emociones son involuntarias, de tal forma que las personas reaccionamos de manera automática a los estímulos que provocan las respuestas emocionales que producimos, o lo que es lo mismo, que ponemos cara de miedo de forma involuntaria cuando sentimos miedo. También vio que esta reacción emocional se produce antes siquiera de que seamos conscientes de qué es lo que ha motivado esta emoción, con lo que podemos deducir que son las emociones mismas las que provocan estos gestos involuntarios. Así, viendo el peso que tienen las emociones en nuestra vida, Ekman se dio cuenta de que si logramos comprender y conocer  mejor las emociones, esto sería muy beneficioso para tratar algunos trastornos mentales. Aunque no podamos controlar la aparición de las emociones porque como hemos dicho antes en muchos casos son anteriores al pensamiento o a la consciencia, si podemos modularlas para conseguir conductas y pensamientos más adaptativos. Pongamos un ejemplo para ilustrar la idea que hemos presentado. Supongamos que hay alguien que me enfada enormemente, tanto que llego a ponerme iracundo. Ahora expresaré  facialmente esta ira de forma involuntaria e inevitable juntando las cejas hacia abajo, apretando y estrechando los labios y poniendo “una mirada feroz”. Lo que ocurra a partir de aquí es lo que podré modular conscientemente, por lo que si controlo esta  ira (emoción) podré modificar la conducta agresiva respirando hondo (respuesta conductual) a la vez que me digo que no tiene tanta importancia lo que ha pasado (respuesta cognitiva), con lo que lo más probable es que me tranquilice y en lugar de agredir a la persona que me ha provocado la ira, ésta desaparezca.

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