Acoso escolar

La escena describe a un padre que asiduamente no puede dormir y hoy especialmente le pasa porque se ha enterado de que su hijo de 11 años sufre acoso escolar. Es un programa nocturno de la radio española donde cuentan un caso más de este fenómeno que día tras día se hace más notable.

Todo comenzó esta mañana cuando la directora del colegio de su hijo le llamó para decirle que “hoy tampoco había ido su hijo al colegio”, cosa que extrañaba enormemente al padre ya que era totalmente ajeno a que el chico estuviera en otro lugar que no fuera su clase. Rápido y totalmente extrañado, este preocupado padre ha vuelto a casa para comprobar que efectivamente allí estaba su hijo escondido detrás de un sillón arropado con una manta, cosa que había estado haciendo durante el último mes y medio. Lo primero que le ha preguntado el preocupado padre es que a ver qué estaba pasando. Tras muchos y largos rodeos del hijo, éste ha roto a llorar y con un dolor inconmensurable le ha dicho la verdad, que unos niños están intentando pegarle a diario en el patio del colegio y que no quiere volver por allí precisamente por el miedo a que estos chicos le hagan daño. Tras un abrazo, el padre vuelve a llamar al colegio, ahora la sorprendida es la directora, más tarde se enterarán todos los profesores, nadie sabía nada.

Con estas líneas he descrito un caso de acoso escolar, son muchos los que se dan a diario en los patios y aulas de nuestro país.

¿Qué es el acoso escolar?
El acoso escolar, bullying en inglés, es un comportamiento agresivo, repetitivo y sistemático que se produce contra una persona durante un tiempo prolongado. Este comportamiento persigue controlar a la víctima y/o satisfacer la necesidad de dominación del agresor. Las consecuencias para la víctima del acoso son el hundimiento de la personalidad y la autoestima.

Generalmente la víctima del acoso ya sea por miedo a la venganza, por vergüenza o simplemente por no saber dónde acudir sufre en silencio y soledad lo que le está pasando. Las agresiones suelen manifestarse en lugares donde no hay adultos y normalmente se realizan sobre un niño o niña concreto y en solitario, nunca sobre un grupo.

Tipos de acoso escolar

Hay cuatro tipos de acoso que normalmente se producen simultáneamente.

Agresiones físicas que buscan atemorizar al niño acosado por medio de bofetadas, golpes o empujones.

Agresiones verbales para infravalorar al niño o su autoestima. Éstas son las más habituales. Se agrede así con insultos, motes, burla o difusión de rumores sobre la víctima.

Agresiones psicológicas para mermar psicológicamente al niño atacando su autoestima mediante la intimidación, el hostigamiento, la amenaza o el acoso a la salida del centro educativo.

Exclusión social con el objeto de bloquear socialmente al acosado. Así, el acosador busca el aislamiento social y la marginación de la víctima a través de la exclusión del grupo de iguales o la coacción.

Consecuencias del acoso escolar
Para la víctima: El maltrato psicológico le deja secuelas como pueden ser modificaciones en su comportamiento diario (insomnio, pérdida de apetito, ataques de ira…) intentos de faltar a la escuela mediante la simulación de enfermedades, vómitos o dolores sin causa aparente, nervios, tristeza e intentos constantes de estar en soledad. En casos más graves hay una pérdida de la autoestima y confianza en sí mismo, depresión y disminución drástica del rendimiento académico.
Los padres, madres y cuidadores hemos de estar muy atentos a cambios de actitud, comportamiento o conductas en nuestros hijos. Nos pueden dar pistas de que algo está pasando la presencia de lesiones físicas, la pérdida o rotura de sus pertenencias, el insomnio, el llanto frecuente, los cambios de humor, la tristeza, el miedo a ir al centro educativo o una intensa pérdida de rendimiento escolar.

El agresor por su parte al convertirse el acoso en su forma de conseguir sus objetivos, pueden tener dificultades para establecer relaciones positivas, incluso en la edad adulta.

¿Qué papel tienen que jugar los padres y las madres?

Hemos de tener claro que es importante que nuestros hijos crezcan emocionalmente estables, así es deber nuestro que aprendan a hacer frente a los signos de intimidación en su estado inicial. Podemos prevenir el acoso enseñando a nuestros hijos valores como el compañerismo o la solidaridad y enseñándoles a ser asertivos.
Es importante que escuchemos atentamente a nuestro hijo o hija. Así, hay muchos motivos que pueden llevar a nuestros pequeños a no informar sobre la intimidación. Estos motivos pueden ser el miedo a las represalias, el que les pongan la etiqueta de “chivatos” o incluso pensar que les intimidan por su propia culpa. Es importante tener un canal fluido de comunicación con nuestros hijos basado en una relación de confianza por ambas partes.
Hemos de tener claro cómo podemos ayudar. En estos casos la intervención es vital y cuanto más pronto se haga, será más eficaz. Hemos de tener claro cómo vamos a intervenir, cuáles pueden ser otras fuentes de información sobre lo que está pasando y las medidas que vamos a tomar. Es importante también en este punto informarse de los programas y protocolos que tiene el centro donde estudia nuestro hijo. Mientras se busca una solución positiva es vital mantener la seguridad de nuestro hijo.

Tenemos que hacer conocedora del problema a la escuela. Es importante buscar la solución junto con la escuela, hemos de informar al tutor de nuestro hijo y/o al director del colegio de lo que éste nos ha contado para tomar medidas conjuntas. A la hora de explicarlo suele ayudar decirlo con las mismas palabras con las que nos lo ha contado nuestro hijo e indicar muy claro el problema que vemos.

El maltrato no beneficia a nadie y describe a quienes lo toleran o no hacen nada por sacarlo a la luz. El niño acosado es un niño al que le vulneran sus derechos de seguridad y dignidad. Tanto los padres como las escuelas tenemos la obligación de velar por la protección de nuestros hijos.

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